lunes, 10 de abril de 2017

Libros que Muerden en Viedma, Río Negro. Un registro salpicré de nuestro viaje

Por Gabriela Pesclevi

La invitación la realizaron La Dirección de la Biblioteca Provincial del Maestro y la Secretaría de Derechos Humanos de Viedma, Provincia de Río Negro. Los tres días compartidos fueron no solo intensos sino llenos de frescura, de visitantes diversos, con fervor por la lectura, pero especialmente con preguntas y curiosidad por los libros prohibidos en la última dictadura cívico militar. Resonaron cantidad de comentarios, aportes que requerimos para encontrarnos con la memoria y con nuestro presente.
No podemos dejar de mencionar tanto a Claudia Czertok y a la Bibliotecaria de Derechos Humanos del Ministerio, Dalia Chaina Marilef, por sus gestiones afectuosas, e interés próximo, sino a cada uno de los que hicieron posible nuestra visita, al Vicegobernador de la Pcia. Pedro Pesatti y agradecer al mismo tiempo a cada una de las personas que trabajan en la Biblioteca del maestro que tuvieron hacia nosotr*s gestos muy singulares en los días compartidos: desde acompañarnos en la búsqueda de un repollo por los alrededores de la biblioteca, hasta cebarnos mate de yerbas, colaborar con una y otra cosa, subirse a una escalera inmensa, reflexionar sobre las cosas que nos ocurren y que le ocurren a la vida-devenir del libro, los oficios, las personas, cosas que consideramos esenciales. Notamos además en el espacio, fluidez para pensar qué significa estar frente a los lector*s hoy, cómo generar momentos de lectura.
Desde nuestra llegada y armado de la muestra pudimos intercambiar experiencias, concepciones del trabajo con niños jóvenes y adultos. Concordamos en la necesidad de estar dialogando con los adultos quiénes son los que median en situaciones de lectura con otros. Concordamos en la necesidad de mezclarnos, de abrirnos al humor, a la poesía, a la música, a la historia, a la fotografía, poder sumar desde lo sensible y desde un pensamiento crítico muchos disparadores para acercarnos a nuestro pasado reciente.
La jornada -además- fue exquisita en pliegues que se abrían dando chispazos de alegría, de desconcierto, de fervor por saber, y así aproximarse a una lectura, a otro que está allí y que no necesariamente estuvo atravesado por la censura de manera explícita y entonces, dejar algo en el aire.
En el collage de imágenes anotamos: a dos niñas, tal vez de trece años que anotaron en su cuaderno más de cuarenta palabras que les inquietaron de la historia de Margarita Belgrano, Los zapatos voladores. (CEAL) Su enumeración no solo tenía el gusto por las listas (divinas) sino por el sonido de cada palabra. Una de ellas un rato antes se había lanzado a cantar a capella: “Peligroso es, el gato que pes, que pesca y después…” acalorados aplausos la siguieron y su voz quedó sonando. Ese día nos acompañaron Luciana Allegrucci y Luis Andreani con guitarra y charango y la canción instrumental del poeta chileno Victor Jara y otras derivas risueñas del revés, en las que todos nos volvimos un poco instrumentos musicales. Conocimos a Cielo y su cabello gris ceniciento y a otros amig*s de la Asociación de familiares de desaparecidos, todos ell*s preparando actos por el día de la memoria, yendo y viniendo, con papeles, con remeras, con un vigor que se requiere para recuperar aún lo que está perdido, lo injusto, lo velado.
Supimos de una pareja que se acercó a mostrarnos sus libros, sus tribulaciones, nos aportaron información sobre un libro cristiano prohibido en 1977 y que aún no tenemos: Dios es fiel de Beatriz Casiello. Pasaron docentes de la Universidad, estudiantes completamente interesad*s, El director de las Ediciones de la Provincia; bibliotecarias de La Biblioteca Salesiana, que cuenta con un altar en la sala y su edificio muestra cientos de años de historia. Apareció Ceferino Namuncurá leído por Guillermo David, vimos el río Negro, cruzamos el puente, atendimos a la ondulación y la revuelta de las aguas. Aparecieron los negros esclavizados liberados en las costas de Carmen de Patagones, una deriva enorme con este tema nos persiguió por las noches, el corolario lo puso tal vez un descendiente de africanos, Paulo, el mozo enigmático de Sal y Fuego; Bea Coccia nos recitó el poeta puntano Lafinur, influenciada por comentarios de una sobremesa dadaísta.
Tuvimos la alegría de recibir en la muestra a Juan Marchesi y Lili y continuar la charla en el hermoso taller de los olivos. Fuimos a programas de radio, nos recibieron con empatía Carlos Espinosa y otros varios jóvenes. Hablamos de la caravana de los docentes, de la cabra, la rata, el perro y el conejo en el horóscopo chino de Squirru, hablamos de otros bueyes perdidos y del deseo de aunar nuestras prácticas, vernos envueltos en la misma materia del color y de las formas. Pablo Guichal nos contó las últimas películas que vio, y el deambular con espíritu gitano por las calles de Patagones durante todo el 2016.
En la muestra fuimos animales, escribimos palabras como maragatos, recitamos versos de memoria, hablamos sobre el sexo, la pasión entre los cuerpos, el conjunto de los números naturales y los números enteros… Escuchamos a una historiadora relatar la experiencia de un libro prohibido en la Biblioteca Sarmiento de Bariloche. Sabemos de qué hablaba, sin embargo en su relato notamos variaciones que suman y que siguen aportando a la reflexión colectiva. Anotamos la frase de Pilar Calveiro: “La memoria no solamente es múltiple, no solamente son memorias, sino que arranca de lo vivido, de la experiencia que toma como punto de partida lo que podríamos llamar la marca: la marca que la experiencia vivida graba, graba sobre el cuerpo individual o el cuerpo social”. 
Nos encontramos con el libro Munduna, concierto en la laguna de María Cristina Casadei (Coedición Eudeba-Fondo editorial Rionegrino, 1987) Se encabalgan los versos y los bichos; supimos de un portal secreto, de un archivo perdido y encontrado en el que se denuncia la censura en el canal de Televisión de Río negro por mostrar imágenes de Guevara. Nos dejamos llevar por los gansos a mitad de la noche, reivindicamos lo público y la necesidad de lo público, encontramos algunos títulos y ediciones, perlas para atesorar, y echar andar.
Gracias a cada una y cada uno. Chicos, grandes, todos los que anduvieron por allí, dedicados nuestros saludos.
Fotografías de Carlos Espinosa, Gabi capturando una obra del grosisimo Marchesi en el bar frente al río!, y otra de Gabi eclipsada por los gansos.

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